Nouvelle Vague
Richard Linklater en 2025 estrenó dos largometrajes que poseen representaciones distintas de lo que podría definirse como su estilo cinematográfico, la primera fue Blue Moon protagonizada por Ethan Hawke y Margaret Qualley, como segundo estreno entregó la película dedicada al movimiento de cine homónimo: Nouvelle Vague. La historia cuenta cómo a finales de los años cincuenta un joven Jean-Luc Godard (interpretado por el fotógrafo debutante en actuación Guillaume Marbeck) decidió dirigir su primera película: Á bout de Soufflé rompiendo todas las reglas establecidas de la cinematografía clásica, no está de más decir que la cinta fue un antes y un después en la manera de contar historias convirtiendo a Godard en el principal representante de la nueva ola.

En los años cincuenta la producción de cine francés estaba en un momento de industrialización deshumanizada, en la que las historias reales o cercanas a la experiencia personal eran menospreciadas en el medio. En este ambiente de aburrimiento y sobreproducción, un grupo de críticos de la revista Cahiers Du Cinema decidieron dejar a un lado su trabajo escribiendo reseñas para pasar a escribir y dirigir sus posturas de la vida, argumentando y defendiendo que el director es el dueño y autor máximo de la cinta, no el productor. El grupo estaba conformado por cineastas como: Agnes Varda, Claude Chabrol, Alain Resnais, Anna Karina, Jean Seberg, André Bazin, Éric Rohmer, Jacques Rivette, François Truffaut y el ya mencionado Godard. Este movimiento logró ser tan trascendente que durante los años setenta, los directores estadounidenses comenzaron su propia ola, llamada Nuevo Hollywood, movimiento en el que se establecieron directores como: Brian de Palma, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Peter Bogdanovich, George Lucas, Steven Spielberg y William Friedkin
Hablar de Godard como cineasta, persona y pensador cinematográfico es una tarea difícil ya que siempre se cae en el error de hacer películas o documentales planos que no representan su totalidad lo que fue como cineasta, uno de los ejemplos más claros de este tiempo de cine es la cinta de Michel Hazanavicius, Godard Mon Amour (2017) en la que se reduce al director en una caricatura en un eterno berrinche por no ser tomado como la figura revolucionaria que desea ser. Por otra parte Nouvelle Vague le da más matices como persona, se vuelve alguien que puede llegar a ser tan magnético como repelente, una persona con inquietudes de vida y política a la hora de rodar, y si bien linklater pone momentos en los que Godard es caprichoso y desesperante con el resto, no se siente esa caricaturización o endiosamiento que poseen muchos biopics modernos.

Todo el elenco de la película hace un trabajo increíble en el apartado de actuación abrazando las emociones de sus personajes de una forma singular principalmente destaca el trabajo de la actriz Zoey Deutch quien da vida a Jean Seberg en toda su frustración por trabajar con alguien tan diferente al sistema Hollywoodense. El apartado fotográfico que emula las texturas y planos de la época de la nueva ola dan una sensación vintage que se disfruta por la forma en la que el plano toma vida, los encuadres son también un homenaje a las películas de esa época, todo esta filmado pensando en evocar la sensación de antaño. La ambientación y diseño de producción están cuidados de forma impecable con la recreación de un parís que hechizó al mundo por la forma en que sus cineastas lo plasmaban en sus cintas y la música transporta a un mundo en el que la innovación estaba a la vuelta de la esquina.
A pesar de ser una cinta bien hecha a manera de realización, en el aspecto narrativo tiene ciertos tropiezos principalmente a la hora de hablar de lo que fue la nueva ola en la vida real, incluso pareciera que tiene los mismos errores que la cinta de James Mangold A Complete Unknown (2024) en la que se toman dos años de la vida y carrera de Bob Dylan para explicar todo su legado, evidentemente no va a alcanzar y hasta cierto punto es anticlimática las formas en la que se presentan los finales en ambas cintas, terminando cuando cierran esos “arcos” para después proyectar una serie de fotografías con super textos que expliquen lo que ocurrió después de sus respectivos eventos importantes. Siempre es bueno ver cine sobre hacer cine, pero en este caso la cinta puede dejar a deber mucho en cuanto a exploración se refiere, es una buena cinta, pero englobar toda la Nueva Ola a estos 20 días de rodaje es un punto en contra, si, Godard es el principal representante de este movimiento, pero no lo fue todo.

Cineastas como Agnés Varda, Jacques Demy y Alain Resnais son limitados a cameos así como gran parte de los demás directores con una trascendencia digna de contar en una película que lleva por nombre el titulo del movimiento al cual le dieron vida, esto de nuevo, no significa que la película sea mala o lo que cuenta este mal planteado, es sólo que tomar un movimiento tan grande y a un director tan representativo en solo un punto de su vida puede crear una especie de desinterés ante el público casual ya que si uno no conoce la historia de Godard y su importancia, es muy difícil crear un interés por este personaje.
Otro aspecto digno de comentarse al respecto de esta película es su estructura narrativa convencional, siendo que este aspecto puede jugarle en contra teniendo en cuenta a la persona que homenajea, para esto vale la pena retomar de ejemplo a Bob Dylan pero plasmado en otra película, I’m Not There (2007) de Todd Haynes explora seis facetas del músico americano con seis actores diferentes a lo largo de su vida para plasmar su evolución musical a través de los años presentando una propuesta fresca y novedosa de cómo representar a un ídolo de masas. Linklater por otro lado filmó desde la convencionalidad, cosa que irónicamente Godard intentaba romper con su primera película.

La cinta en general es un aliento para las personas que quieren comenzar un proyecto fílmico y no encuentran el valor de hacerlo, narra la historia de un hombre que sabía cómo quería contar una historia aun cuando los demás no creían en la forma de trabajo que predicaba. Es una película con corazón que posee un ritmo frenético y divertido, pero que pareciera tener un favoritismo por un filme en particular. Es entrañable si el espectador sabe el trabajo y trasfondo que obvia la película pero si se deja fuera eso, tenemos una cinta que se limita a sí misma ante las posibilidades narrativas que tenía para representar la vida y obra de un transgresor como Godard y todos los cineastas de la nueva ola francesa.








