La historia del sonido
La historia del sonido película romántica dramática histórica dirigida y escrita por Oliver Heranaus, protagonizada por Paul Mescal, quien interpreta a Lionel un músico y cantante prodigio, quien sostiene un romance con David interpretado por Josh o’connor músico británico, que busca recorrer Estados Unidos, con el fin de recopilar y preservar la música tradicional de varios rincones del país.
Oliver Heranaus es un director sudafricano quien debutó con la película Shirley Adams (2009), la cual narra la historia de una ama de casa quién cuida a su hijo tras ser herido por una bala perdida durante un enfrentamiento entre pandillas. Su primer acercamiento a historias con enfoques hacia la comunidad LGBTQ+ fue con su película skoonheid (2011) con la cual ganó el premio Queer Palm en el festival de cannes, en 2015 su película The Endless River se convirtió en la primer película sudafricana en ser nominada al león de oro.

Oliver Heranaus ha demostrado que sabe contar historias homoeróticas desde un hombre maduro descubriéndose a sí mismo, como la historia de hombres haciéndose compañía y cuidando de ellos mismo durante su servicio militar, a pesar de ello y tener una palma de oro Queer, la historia de sonido (2025) no termina de encantar al público, que aunque llega tener ciertos momentos cargados de romanticismos clásicos de películas románticas, no son suficientes para mantenerte en la butaca.
Como se mencionó la película tiene sus momentos en los cuales la audiencia suspira por el romance, son muy pocos para la duración, además de tiende abrir pequeños arcos argumentativos y cerrarlos abruptamente solo con el fin mantener a la audiencia entretenida, pero que no llevan a nada, ni ayudan a al avance de la historia y hace que pierdas interés por la trama principal, por la cual asistes a la sala, por el romance homosexual.

Desde Secreto en la Montaña (2005) de Ang Lee Hollywood y el cine en general tiende a contar las historias gay depresivas y melancólicas, como si ser gay estuviera condenado a ser no tener un final feliz y la historia del sonido pareciera ser otra historia más ellas, donde solo nos dan un romance tibio.
Final sin spoilers se siente como una palmada en el hombro, para un sollozo, el equivalente a los últimos 5 minutos de una sesión terapéutica donde solo se busca calmar para que salgas tranquilo, pero si lograrlo, porque llevas media hora sin pensar en el romance entre Lionel y David, ya la historia se desvió tanto que solo esperas los créditos para salir rápido de la sala, no te genera ni un gramo de empatía, la historia de Lionel y David está tan olvidada que hace que el final vea como un – aaah, bueno ya vámonos- y salgas de la sala solo recordando alguna de las canciones..

Dejando a lado la historia, las interpretaciones de Paul Mescal y Josh o’connor, son cautivadora mente bellas, Josh enamora a la audiencia con su porte elegante y sostifcado, mientras que Paul te cautiva con su corte campirano y sencillez y con su voz cantando cancion; la química entre ambos actores puede verse a través de la pantalla, lo cual hace que aun más te moleste que se desperdiciara esa química, Amas los personajes y quieres que estén juntos, que tengan una vida plena, que cumplan con sus objetivos y metas, pero esos deseos solo se quedan ahí.
La música es uno de los aciertos de la película, las múltiples canciones que son interpretadas a lo largo de la película definen la esencia escénica de la misma, define las personalidades de los personajes y te envuelve en ambiente nostálgico por una época que nunca vivimos. La fotografía hace lo mismo te mantiene en ambiente nostálgico, por lo que era Boston, por lo que era campo estadounidense, el centro de Roma en la pre guerra, la ambientación la casa de Lionel y las escenas con su padre son buenas y nuevamente te dejan ese sentimiento nostálgico, agrega que veamos una trama de una sana relación entre un padre y su hijo, pero otra vez esta fue desperdiciada.







