Escrito por: Carla González Tejeda

¿Qué define la realidad? Como respuesta breve e inmediata, encontraremos que es una interpretación construida por el cerebro a través de los cinco sentidos. Hechos comprobables.

Pero ¿Qué tal si lo real va más allá de todo lo tangible? ¿Qué pasa si el plano terrenal no es más que un fractal de una totalidad a la que no podemos acceder con el cuerpo físico?

Se lee “Bajo el signo de Saturno” en la pared. Paisaje Romántico de Germán Gedovius es la obra que nos da la bienvenida a la exposición y el primer nodo del recorrido. Un paisaje melancólico inspirado en La Isla de los Muertos de Arnold Böcklin. Agua tranquila que refleja la superficie, un mundo alterno esperando emerger. Cipreses al fondo evocando el duelo, la muerte, y la conexión entre lo celestial y lo terrenal. Llama particularmente mi atención una figura femenina al centro, desnuda, como el alma en su estado más puro cuando los prejuicios y armaduras son bañados por el bautizo de la muerte. Sostiene una vasija mientras mira al cielo con su cabeza y hombros cubiertos por un velo, ¿espera algo de arriba? ¿Una respuesta o señal?

Me hace pensar, ¿no hemos hecho eso siempre los seres humanos? Rezar, meditar, orar a algo intangible con completa fe en su existencia. Paisaje Romántico se convierte en el portal a la realidad que espera ser descubierta en el recorrido, una narración sobre la búsqueda del cosmos: el origen y el final.

Siguiendo la línea de la muerte, empieza Espiritismo y Nigromancia. Una serie de fotografías documenta la curiosidad por ver bajo el velo entre mundos. Mujeres se reúnen para la invocación. El cuerpo se convierte en recipiente y los muertos en su contenido temporal para la obtención de profecías y secretos. La fascinación por el cuerpo como conductor se retrata en óleos e ilustraciones en tinta. 

Sesión espiritista de Leonora Carrington parece un resumen perfecto de esta primera parte. Los roles espirituales se diluyen en una mesa compartida por una monja, demonios y un sacerdote, guiados por la médium que transmuta energía en cada exhalación. Aves que vinculan lo trascendente con lo intrascendente, pericos que invitan a pensar en lo impredecible de la escena. Hay una infinidad de posibilidades y ninguna jerarquía cuando los mundos convergen en un cuarto oscuro.

Después viene una de las atracciones principales. La quiromántica (también de Leonora Carrington)  recibe a los visitantes con las palmas de sus manos hacia el frente. No es posible entrar a la sala sin que ella te lea. Decenas de personas la contemplan y es irónica la sensación de que también me percibe y conoce todo sobre mí solo por caminar frente a ella. Los rostros en sus manos no solo hablan, observan. Hay mucha vulnerabilidad y autoridad en su presencia. Su máscara de ave emplumada y los rostros en sus manos desvían la atención de la apariencia al núcleo del verdadero ser, y me hace preguntarme si esa es la manera en la que Leonora Carrington se veía a sí misma: una perceptora que desea ser percibida. 

A su alrededor se exhiben manuales y fotografías sobre quiromancia. Se abre la puerta a las posibilidades invisibles: las personas se detienen frente a los diagramas explicativos en la pared y los comparan con las palmas de su mano buscando su identidad en lo oculto a plena vista. Los visitantes se convierten en una pieza más al confirmar que los seres humanos no podemos evitar plantearnos la pregunta ¿Y si hay algo más? Basta con seguir caminando para responder.

Llegamos a Tarot y Astrología. Parece que hay cuestiones que siempre hemos intentado responder a través de estas herramientas: ¿Quién soy? ¿A qué he venido? ¿Cuál es mi destino? 

Los espectadores intentan encontrarse a sí mismos al detenerse frente a la rueda zodiacal, como si los arquetipos convirtieran nuestra luz y oscuridad en superpoderes y nos ayudaran a entender el para qué de nuestra existencia en este plano. La serie Tarot de Santi G. Barrios llama la atención por su estilo burlesque y se vuelve fácil imaginar los múltiples aspectos de la vida en que se manifiestan los arcanos mayores.

Recuerdo mis clases de semiótica en la universidad al leer la explicación de La Estrella, ¿En qué momento la humanidad decidió que el amarillo simboliza sabiduría y abundancia y el azul paz y estabilidad? Viene a mi mente otra herramienta de adivinación: el Oráculo chino. En él, el amarillo simboliza exactamente lo mismo. 

En este punto, la exposición me hace reafirmar mi creencia de que todas nuestras referencias parten de una verdad absoluta e inmutable, y todas las herramientas que hemos creado nos acercan, dentro de las posibilidades humanas, a su entendimiento. 

El último nodo es Terror Cósmico. Me parece gracioso que el concepto del miedo a lo intangible y desconocido sea el cierre de una exhibición que evidencia la atracción que sentimos los seres humanos a eso mismo. Es como si nuestra intuición nos dijera que no necesitamos conocerlo, pero no podemos abstenernos de espiar a través de cada grieta que encontramos.

A través de las obras se siguen planteando cuestionamientos relacionados con la existencia y su propósito, ¿Deberíamos rendirnos ante el poder de algo mucho más grande? Efemérides del colectivo Tercerunquinto muestra el orden astral en las fechas de dos terremotos en la Ciudad de México. Me quedo largos minutos observándola y pienso que aún si la astrología, el tarot y la quiromancia nos ayudan a responder “¿Quién soy?” seguimos perteneciendo a un orden que rebasa el yo. Un orden que podemos estudiar, sentir, pero nunca controlar, por más herramientas de clarividencia que inventemos.

Quizá esa es la conclusión de Bajo el signo de Saturno. Tenemos acceso a un fragmento de la realidad. Se manifiesta a través del cuerpo y los símbolos que nos rodean, pero nunca tendremos más poder que el todo. Solo depende de nosotros elegir si esa idea nos frustra o nos tranquiliza.

Después de atravesar todas estas emociones e ideas, El Iluminado de Rufino Tamayo me despide. No puedo evitar pensar que el curador de la exposición ha puesto esa obra aquí a propósito. Inmediatamente el inicio y el final cobran un sentido poético. Paisaje Romántico ha sido la puerta a lo oculto, al entrar a la exposición me sumergí en esas mismas aguas para ver “la otra realidad”. El Iluminado, en cambio, dice “ya has alcanzado el conocimiento”, y sin embargo, regreso al mundo terrenal con más preguntas que respuestas y la sensación de que la esencia del misterio no es revelarlo, sino aprenderlo a habitar.