Engendro es el segundo largometraje de la guionista y directora finlandesa Hanna Bergholm. Protagonizada por Seidi Haarla y Rupert Grint, esta película es un estudio de la psicología de no conectar de la forma adecuada con la criatura a la que se le da a luz, aun cuando nace de la maternidad deseada. La historia sigue al joven matrimonio de Saga (Haarla) y Jon (Grint), quienes luego de tener a su primer bebé notan que su comportamiento es anormal y diabólico. Mientras Jon trata de sobrellevarlos estando fuera de casa, Saga se quedará tratando de entender a su endemoniado hijo, con quien desarrollará una relación enfermiza que la llevará a descubrir un oscuro secreto familiar.

La propuesta temática es atrayente; explorar este tipo de historias con el cine de terror abre la conversación sobre dos de las preocupaciones más comunes en la sociedad: el miedo a la maternidad o paternidad y a la pérdida de la identidad, dejando una vida para dedicarle todo el tiempo vital a una persona que no conocemos aún. Ejemplos como estas cintas hay varios: El bebé de Rosemary (1968), dirigida por el depredador sexual y director Roman Polanski; Huesera (2022), dirigida por Miguel Garza Cervera; y Eraserhead (1977), dirigida por David Lynch. Sin embargo, a primera vista se podría decir que el análisis de estos temas implementados por la película se ve obstruido por una serie de elementos que sacan por completo al espectador de su ficción.

El primero y más importante de todos, la carencia de una atmósfera atrayente cuando tienen uno de los lugares más envolventes para generar tensión y suspenso como escenario principal y nunca se explota, el bosque. En la mayor parte del filme se insinúa que el bosque a donde se muda el matrimonio tiene algo oculto en su verde inmensidad. Sin embargo, pareciera que es un personaje que se congela en la narrativa y se descongela cuando se necesita un clímax dentro de varias escenas carentes de ritmo y emoción. Cintas como La bruja (2015) o El ritual (2017) se construyen enteramente por su atmósfera, aprovechando tomas amplias y zooms in para dar esta sensación de peligro inminente. Aquí se siente como un recurso al aire, que no termina de descubrir si el terror ocurre entre sus ramas. Hay vestigios de una propuesta llamativa como los árboles humanoides, pero esto solo se insinúa sin explorar más ese horror en la naturaleza.

El segundo punto en contra que tiene esta cinta es la forma en la que se representa al hijo. A este engendro. Su representación es casi hasta paródica, que no tendría por qué ser un punto en contra, de no ser por los momentos en los que la película se torna solemne e intenta recordarle al espectador que lo que observa debe ser tomado en serio. Para luego sorprender con una escena que bien podría ser sacada de una de las entregas de la saga Child’s Play. Es este constante cambio de tono el que también desconecta del sentimiento de terror que se plantea al inicio de la película, ya que termina afectando las mejores secuencias de la cinta, porque el público ya está tan alienado de lo ocurrido que cualquier intento por retomar su seriedad resulta un fallo.

Esto último lleva a analizar el tercer posible error de la cinta, y es la temática. Si bien se nota que lo principal era hablar sobre estos miedos de los padres a los hijos por venir, hay una mezcla de terror con thriller familiar y body horror que se pelean mutuamente por ver quién de ellos terminará por crear el desenlace de la película y, una vez ubicados en el final, solo destaca el miedo a la maternidad por mero compromiso de terminar en una nota similar a la que se comenzó. Aunque para el punto en el que termina, se cambia la expectativa de sentir miedo a percibir el filme como una comedia con tintes gore.

Pero si hay algo por lo que vale la pena seguir en el asiento luego de experimentar esta mezcla de temáticas puestas con calzador, es por el diseño de producción que mantiene con detalles y bellos decorados una casa en ruinas que se niega a ser reconstruida. Pero más destacable de eso, la actuación y dirección actoral son el pilar de la cinta. Seidi Haarla entiende muy bien el personaje y logra crear esta dicotomía de una madre que se encuentra entre sentirse obligada a amar a su bebé aun si es un monstruo y entre simplemente quererlo por el hecho de ser una creación suya. Rupert Grint tiene una actuación más sobria al encarnar a un padre hipócrita, quien dice desear a un hijo más que nada, pero cuando se debe hacer responsable de él, encuentra la manera de escabullirse para dejarle el cargo al personaje de Seide.

Engendro no es una cinta perfecta, pero si lo que el o la espectadora busca es una película ligera con una propuesta que da sobre qué hablar al salir de la sala, es la cinta indicada. Es adecuada para pasar el rato, aun si no se es fan del terror. La cinta estará disponible en cines a partir del primero de julio.