The Drama
The Drama es la más reciente producción del director y escritor noruego Kristoffer Borgli. Está protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya, quienes logran destacar de una forma abismal su actuación en esta película con respecto a sus anteriores papeles. La historia parte en la semana previa a la boda de Emma (Zendaya) y Charlie (Pattinson). Mientras ellos están degustando vinos con dos amigos, debido al alcohol, la conversación escala a una charla donde un oscuro secreto de la adolescencia de Emma sale a la luz. Es tal el impacto de esta revelación que cambia totalmente la perspectiva de sus amigos sobre ella; ya no es la persona que era antes de revelar su secreto y Charlie duda si realmente está dispuesto a casarse con ella después de esa anagnórisis.

El cine de Borgli se caracteriza por ser una mezcla de humor negro con situaciones de moralidad ambigua totalmente presentes en la cotidianidad, elevadas a un grado extremo. Ya desde su segundo largometraje, Sick Of Myself (2022), se vería esta característica del director de poner problemáticas sociales y personales en personajes que son superados por su visceral forma de ver el mundo en el que los rodea. En su tercera película, Dream Scenario (2023), el director lleva al terreno de la fantasía estos conceptos, mezclando conceptos como los abordados en The Hunt de Thomas Vinterberg con Nightmare on Elm Street de Wes Craven. Con esa cinta parecía que el director comenzaría a tener una carrera alejada de historias comunes, avanzando al terreno del surrealismo.

En The Drama, parece ser que se optó por un esquema de historia más sencillo sin dejar de lado el sello que caracteriza a sus predecesoras. Personajes grises superados por sus acciones. La cinta plantea lo siguiente: si una persona que cometió actos imperdonables en su juventud cambió y maduró con los años, ¿esas atrocidades ocultas deberían impactar la perspectiva que tenemos del sujeto que las cometió a pesar de ya no ser como en su pasado? Con esta pregunta, la cinta crea un viaje bidireccional en la vida de Emma a través de los ojos de Charlie. Esta construcción de tensiones está escrita de una forma tan natural que desde el primer momento el espectador se comienza a preguntar si el perdón o la culpa valen la pena a esas alturas.

Este eje temático se ve sazonado con un humor ejecutado de manera brillante, ya que nunca se percibe el siguiente remate hasta que finalmente es contado o visto. Esto es un agregado positivo, ya que en un mundo donde las películas son predecibles en cuanto a la aparición de comedia, lo mejor de todo esto es que para el espectador es un chiste, pero para los personajes es un momento humillante totalmente motivado por sus vicios de carácter que los motivan; es una tragedia para ellos, pero una risa para nosotros. Sin embargo, la presencia del humor no elimina el hecho de que es una cinta que narra un drama; es graciosa, pero no se deja de tomar en serio a sí misma. En muchos otros filmes, esto podría haber sido un giro en contra, pero en The Drama funciona de una forma en la que pareciese ser la anécdota de un amigo que tuvo un día lleno de situaciones nada favorables que cuenta todo entre risas.

Hablando un poco de esa característica de la película, es necesario decir que no solo la historia se siente como un rumor de boca en boca. Su montaje influye muchísimo en esta percepción tan natural del desastre. Hay escenas elaboradas de una manera que recuerda a los ires y venires de una persona contando un chisme, desde el presente de las consecuencias hasta el hecho violento que las ocasionó. Esto también aplica para las escenas en las que los protagonistas se describen a sí mismos, haciendo ver al ensamblado de la película como una especie de narrador propio que va y viene en el tiempo a su conveniencia, ya que de eso se trata todo: chismes y trapos sucios que tarde o temprano explotan en cara de sus cometidos, afectando su presente.

La dirección escénica y de fotografía son impecables; sin embargo, este es un ejemplo de la técnica en función de la historia que narra, no como algo malo. Es bueno cuando un autor prioriza la historia antes que la forma en la que se cuenta y aun así la tiene en consideración para no descuidar algún aspecto. Aquí los encuadres sirven como una fotografía viviente de los personajes en su espacio mientras son carcomidos por sus pesares; no narran mucho, pero tampoco son impedimento para el disfrute de la historia. En el apartado actoral, todo el cast llena la pantalla con personajes relatables; es posible que varios de los espectadores puedan identificar la existencia de ese tipo de personas fuera de la ficción.

Es impresionante cuán versátiles son sus protagonistas en una misma cinta; pueden ser dulces e inofensivos a transformarse en seres colmados y ansiosos por destrozar la habitación que los contiene junto a sus pensamientos. Zendaya compone a un personaje un poco menos cerrado de carácter, quien busca (no de forma tan desesperada) la aprobación de los demás, rompiendo con su racha de personajes con carácter analítico y distante. Robert Pattinson, por su parte, toma elementos reconocibles de Mickey 17 (2025) y Die My Love (2025) y los mezcla en un personaje multifacético en su desesperación.

El filme es una reflexión sobre las segundas oportunidades y la moral sobre nuestro pasado, realizado con una maestría que pone la técnica en función de la historia; es decir, es una realización sencilla en la mejor lectura de la palabra. Las actuaciones son impecables y el final de la película deja una sensación de que la conversación seguirá aun después de que las luces se prendan, pero eso es lo que hace grande a una película: la conversación que abre luego de que el espectador abandona la sala.








